Sal 65,4. Omnis terra adóret te, Deus, et psallat tibi; psalmum dicat nómini tuo, Altíssime
Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro: El es nuestro Dios.
Oremos:
Señor, que tu amor incansable cuide y proteja siempre a estos hijos tuyos, que
han puesto en tu gracia toda su esperanza.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Contamos con la esperanza, que es como una ancla firme y segura
Lectura de la carta a los
Hebreos
6, 10-20
Hermanos: Dios no es injusto para
olvidar las obras y el amor que ustedes han mostrado a su nombre, a través de
los servicios que prestaron y que aún prestan a los creyentes. Sólo deseamos
que cada uno de ustedes dé hasta el final, muestras del mismo entusiasmo en
orden a la plena realización de su esperanza, de modo que, en lugar de
descuidarse, sigan el ejemplo de aquellos que, por su fe y su perseverancia,
son ya herederos de las promesas divinas.
Así, cuando Dios hizo la promesa
a Abrahán, no teniendo otro mayor por quien jurar, juró por sí mismo, diciendo:
Te colmaré de
bendiciones y haré innumerable tu descendencia. Y así, gracias a su firme
esperanza, obtuvo Abrahán la realización de la promesa.
Los hombres juran por alguien que es mayor que ellos, y el juramento es una
garantía que pone fin a toda discusión. Por eso también Dios, queriendo mostrar
más solemnemente a los herederos de la promesa que su resolución no cambiaría,
hizo un juramento, para que, apoyados en esas dos garantías inmutables según
las cuales es imposible que Dios engañe, nos veamos firmemente impulsados a
adherirnos
a la esperanza que nos propone; esperanza a la que nos aferramos como ancla
segura y firme para nuestra vida, y que penetra hasta el interior del
santuario, adonde ya ha entrado Jesús como precursor nuestro, en calidad de
sumo sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 110, 1-2.4-5. 9 y 10c
Memor erit Dominus in saeculum
testamenti sui/Confitebor Domino in toto corde meo, in consilio iustorum et
congregatione. Magna opera Domini, exquirenda omnibus qui cupiunt ea/Memor erit
Dominus in saeculum testamenti sui/Memoriam fecit mirabilium suorum, misericors
et miserator Dominus. Escam timentibus se; memor erit in saeculum testamenti
sui/Memor erit Dominus in saeculum testamenti sui/ Redemtionem misit populo
suo, mandavit in aeternum testamentum suum. Sabctum et terribile nomen eius;
laudatio eius manet in saeculum seaculi/Memor erit Dominus in saeculum
testamenti sui
El Señor recuerda siempre su alianza.
Doy gracias al Señor de todo
corazón, en la reunión de los buenos y en
El Señor recuerda siempre su alianza.
Ha hecho maravillas memorables,
el Señor es compasivo y misericordioso: da alimento a los que lo respetan,
acordándose siempre de su alianza.
El Señor recuerda siempre su alianza.
Envió la redención a su pueblo, confirmó su alianza para siempre; su nombre es santo y digno de respeto; los que así proceden serán para siempre alabados. El Señor se recuerda siempre de su alianza.
Aleluya, aleluya.
Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras mentes, para que
podamos comprender cuál es la esperanza que nos da su llamamiento.
Aleluya.
Allelulia. Pater Domini nostri Iesu Christi illuminet oculos cordis nostri, ut sciamus quae sit spes vocationis nostare. Alleluia
El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado
† Lectura del santo Evangelio según san
Marcos
2, 23-28
Gloria a ti, Señor.
Un sábado pasaba Jesús a través de unos
campos sembrados, y sus discípulos comenzaron a cortar espigas según pasaban.
Los fariseos le dijeron:
"¿Te das cuenta que hacen en sábado lo que no está permitido?"
Jesús les respondió:
"¿No han leído nunca lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió
hambre él y sus compañeros? ¿Cómo entró en la casa de Dios en tiempos del sumo
sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo a los sacerdotes les
estaba permitido comer, y dio también a quienes lo acompañaban?"
Luego añadió Jesús:
"El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado.
Así que el Hijo del hombre
también es señor del sábado".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Señor, Dios nuestro, tú que nos has dado
este pan y este vino para reparar nuestras fuerzas, conviértelos para nosotros
en sacramento de vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Jesús, buen samaritano
En verdad es justo darte gracias, y
deber nuestro alabarte, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, en todos los
momentos y circunstancias de la vida, en la salud y en la enfermedad, en el
sufrimiento y en el gozo, por tu siervo, Jesús, nuestro Redentor.
Porque él, en su vida terrena, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos
por el mal.
También hoy, como buen samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en su
cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el
vino de la esperanza.
Por este don de tu gracia, incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del
dolor, vislumbramos la luz pascual en tu Hijo, muerto y resucitado.
Por eso,
unidos a los ángeles y a los santos, cantamos a una voz el himno de tu gloria:
[Misa]
Demos gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace por su pueblo; porque da de beber al sediento y da de comer al hambriento.
Sal, 22,5. Parásti in conspectu meo mensam, et calix meus inébrians quam praeclarus est/ o bien/ Nos cognovimus et credídimus caritati, quam Deus habet in nobis
Oremos:
Señor, tú que has querido hacernos participar de un mismo pan y de un mismo
cáliz, concédenos vivir de tal manera unidos en Cristo que nuestro trabajo sea
eficaz para la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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